Colour my life with the chaos of trouble.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Y acabas entiendo que el fuego solo lo apagan los versos.


Arrastras cada aliento por las veinte baldosas que sostienen tu cama
y te dejas caer despacio por todos esos sentidos que te llevan a mil cosas
y solo una es capaz de devolverte la vida, que seguramente has perdido.

Pasas de añorar todo lo que tenias a suplicar que jamás vuelvan las buenas palabras por un miedo atroz a no saber que hacer con ellas,
que el mar me ha bañado ya tantas veces las heridas que la sal es parte fija de ella.

Y al final acaba escociéndome el alma y no las llagas
porque todo lo que mas hiere nunca se encuentra a la vista,
y tú, dejaste de verme el alma y pasaste a tocarme los instintos.

Con tal descaro que no supe reaccionar ante todos aquellos destellos de ausencias
que se preguntaban constantemente porqué te quedas si vas a desaparecer
y tras la tormenta encontramos el peor paradigma de contradicción.

¿Pero sabes qué?

Yo seguía sintigo estando contigo.

Hasta que las nubes se juntaron en cuatro bandazos desesperados
corriendo tras el Sol con el único propósito de desaparecer
y entonces no tuve mas remedio que no querer caminar por ellas,
por las nubes, digo, por tus pestañas hace tiempo que lo hago.

He decidido tantas veces que Troya no iba a arder
que he perdido la cuenta de cuantos barriles de agua he empeñado al olvido
y otras tantas he perdido la cuenta de todos los incendios neuronales
que se han llevado por delante cualquier intento de huida.

Creces, maduras o quizás mueres en el intento
dedicas más de mil palabras a lo que se cuece dentro
y acabas entiendo que el fuego solo lo apagan los versos.

martes, 16 de septiembre de 2014

Puzzles hipotecados.


Vivimos un amor condenado
desde el día en que hipotequé
mis ojos en tus labios.

He andando buscando respuestas,
desesperadas,
a los nervios acorralados
en el fondo de mi estomago.

He saboreado el pavor del futuro
y he conocido de primera mano
el miedo que producen
tus planes,
a ras de mis dudas.

Una lluvia de agua pasada
se ha volcado sobre mis instintos
y he seguido al corazón,
por el camino equivocado.

A veces palpito del recuerdo
de escribir cosas tristes
y sentir que han pasado.
Porque al fin y al cabo
son los versos
los que me hacen preso
de todo aquello que aún no ha ocurrido
en tus sueños.

Y soñamos para sentirnos vivos.
Y vivimos porque soñamos.

Mientras que en algún punto del sueño
nos volvemos cobardes
y huimos,
desesperadamente,
de un final feliz.

Porque la felicidad nos aterra
y aún así la buscamos
en los intentos fallidos
de juntarnos las piezas que nos faltan
sin saber que quizás
fuéramos el puzzle equivocado.

Y en medio de este rompecabezas
se me van las ideas a tu espalda
y hablamos de otra hipoteca
por la que deben responder
tus besos.
 
Por los daños colaterales de tus sonrisas 
sobre mi retina
pasada las dos de la madrugada.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Por si algún día alguien entiende que significa eso de amar con un bolígrafo.

El agua se corría por su pelo.
La espuma se deslizaba,
suave,
por sus dedos.

De su mano a mis comisuras.
Y después,
la guerra.

Levantaba una a una
todas las sonrisas
que se pueden dar a luz
en una sola noche.
Hacía de mi, aquella
despreocupada
y risueña niña
que colgaba los sueños
de sus pestañas.

Después me habló de algo sin sentido,
de esas cosas
que solo su cabeza sabe disparar,
para irse con Morfeo
amarrandose a mis caderas,
como si fuera una cárcel
de cien cadenas,
sin interés alguno en liberarse.

Y minutos más tarde
el mundo se paró.
Le ví dormir
y todo lo que eso conlleva.

Y a veces,
ajena a nuestra realidad
me suelo preguntar,
si es cosciente
de su brillo entre las palabras,
y decaigo
y escribo.

Por si algún día
alguien entiende
que significa eso de
amar con un bolígrafo.

miércoles, 30 de julio de 2014

¿Sobrevive la poesía?

¿Cuántos versos has decido robarme?

Y le basto la madrugada para mirar
directamente a los ojos,
al desastre.
Y querer revertirlo.

¿Cuántos días vas a dejarme la prosa
debajo de los zapatos
para que escriba sobre dos cordones,
desesperados,
por enseñarte a atar
las entrañas?

Acabé encontrándote en un banco,
riendote a más no poder
con mil historias en los bolsillos
y una maleta casi olvidada.

¿Cuánto tiempo voy a creer
en mis versos?

Y acabó -la poesía- mirándome a los ojos,
y entendí cómo atarme los cordones.

lunes, 21 de julio de 2014

Se me han olvidado los versos en unos bolsillos que no eran mios.



Me dan pánico las agujas, las noches de domingo, el queso fresco a dos centímetros de mis labios, los pies, las cucarachas que se atreven a volar, las películas demasiado complicadas, el movimiento de las placas tectónicas, la Pepsi, el exceso de tecnología, las risas vacías, los silencios incomodos, perderos, el vacío, la inmensidad del mar, los trenes, desaparecer, la lana  y tus ojos sobre mis labios con toda una tarde por delante.

Me vuelve loca el chocolate blanco, la velocidad, las frases extrañas, cualquier cosa a la carbonara, leer entre líneas, las alturas, los libros inquietantes, las taquicardias de alegría, los llantos de felicidad, las ventanas, los aviones, la música a todo volumen, los chistes malos, los gritos de emoción, y mis labios asustados ante tus ojos con toda una tarde por delante.

Odio el orden, los coches, las flores, el humo, la cerveza, las complejidades, las complicaciones también por qué no, las cosas banales, madrugar, la soledad un día especial, el negro, los relojes, el tiempo que corre en mi contra, el café, los saltos inesperados en el tiempo, los ruidos insoportables, las maneras perdidas, los cielos grises, las olas del mar, las vidas que se acaban, la impotencia, la mala repartición de bienes, la política y mis besos, desesperados, por tu espalda.

Amo el yogurt blanco, la ginebra, el verde, volar, creerme la reina del mundo, las locuras, la tranquilidad, las contradicciones, el Nesquik, los arcoíris, las fuentes enormes, viajar, Andalucía, los animales, el blanco y negro, la noche, la ciencia, cumplir ilusiones ajenas, luchar, la verdad, y tu espalda, desesperada, por mis besos.

lunes, 14 de julio de 2014

Marea.

Empaqueté tus ojos,
casi verdes,
en una docena de sueños
que nada tenían que ver con esto.

Liberé las ansias de tu espalda
presionándome el corazón
y me dediqué a vivir de suspiros intencionados
por si acaso conseguía enamorarte,
a media luz,
un sábado noche. 

Me llevé tu sonrisa a juicio
y acabe ganándole la querella
a tus labios.

Usaste el efecto ancla
en una piscina de aire.

Y aquí sigues,
poetizando el arte.

De mirarte.

jueves, 12 de junio de 2014

Le llamó, "Hoy".

Recuerdos suaves resbalan despacio por la córnea de mi mente,
se deslizan por el pasado haciendo presente de tu espalda volteada a mis ojos.
Construimos treinta lepidópteras y no dejamos una de recuerdo
en la esquina doce de tu habitación.

Se saltaba los principios y jamás un semáforo.
Sin saber por qué acabó un miércoles, a la siete,
en bañera vacía
aferrándose a los labios ideas desesperadas,
de amor.

No tenía ni idea de protocolos y pisaba las horas a su manera,
gustaba de media risa inesperada al filo de lo imposible.
Tenía tantas cosas que decir que siempre optaba por el silencio
y probablemente no tuviese ni idea de que solo una sonrisa
me bastaba para seguirle.

Y bueno,
tenía esa manía de retorcer mis infiernos con su boca,
de mojarme las ideas, locas, por sus ojos.

Tenía,
tiene, esa mirada fija de iris cerrados en mitad de un sueño.

¿Sabéis?

Una vez se revolcó en mis cosquillas y me sacó trece tipos de rojos
coloreados, sin pudor, sobre mis mejillas.
He de admitir que desde entonces no concibo otra acepción de paraíso
si no se trata de sus manos en mis caderas.

Tú,
y todo eso de haberte visto dormir.

sábado, 31 de mayo de 2014

Subrayadores amarillos con función expresiva sobre las líneas intactas del olvido.

Se me caen las estrellas,
sin control,
sobre un puñado de folios
que hablan de todo,
menos de ti.

He subrayado de amarillo,
buenasuerte,
todas las palabras importantes
para todos,
menos para mi.

He aprendido tantas conjunciones
que he derramado comas
sobre un puñado de versos
que hablan de nadie,
menos de amor.

El cielo se me ha quedado corto,
de sueños,
vacío
y sin estrellas.
La noche ha caído
y con ella demasiados suspiros.

He leído seis renglones
sin amor,
búscandole el sentido a la vida
y he perdido toda esperanza
de encontrarlo.

Se han encendido
todas las llamas en tus ojos
proponiendose derretir a fuego lento
mis encuentros.

Y en otro mundo,
llueve,
lejos de aquí.

domingo, 11 de mayo de 2014

Bombas explosivas de ti.

No acostumbro a morirme por la espalda de nadie
y desde hace tiempo corro detras de razones imperdonables
que me desquitan las no-razones para abandonar
mi último lado de la cama.

Sigo manteniendo guerra fría contra los cojines que simulan,
como otras tantas cosas,
hacerme de almohada en nuestras noches interminables.
De la misma forma que mantengo otras tantas cosas
por miedo al olvido,
una noche estrellada con techo
sobre mis ideas.

Y esa forma de autoprotegerme del universo,
que,
joder,
es demasiado grande.

Opté por hacerme parcialmente semi-existente
para que recuerdes que por tus caderas
solían saltar melodicamente un puñado de versos
acompañados de lepidópteros
en la región inferior de tu caotico antro pilórico,
que mucho tienen que ver conmigo.

Bombeo mi corazón de todas las (500) frases
que solían acompañarme
tras treinta y una parada a golpe seco en tu corazón.

Y en mitad de la historia
no puedo evitar ahogarme en Cava
mientras me saturo la Subclavia.

Y por ahora,
 solo bombeo amor. 

sábado, 3 de mayo de 2014

Un puñado de puntos contiguos y algún que otro mareo.

He caminado por nubes más grandes que el índico,
y al final todas me han llevado al mismo puto camino.
Cuesta abajo y sin frenos.
Sin corazón.

Todavía sigo gastando los tic-tac de aquel reloj
que osaste regalarme
solo para preguntarme de que coño va la vida sin ti.

He bailado tantas veces la misma canción
que ya sé de sobra que el penúltimo verso
es el que me deja sola y sin piernas que simulen caminar,
tras de mi.

He navegado por tantos mares de soledad
que creer merecer compañía es tan utópico para mis neuronas
que casi naufragan en el intento de arreglarme las cicatrices.

Y sigo interrogándome en aquel:
"¿Por qué todos se van?"
Y buscando culpa como cobijo,
hasta que no hay más cojones que asimilar que la vida es eso.

Yo me quedo,
y tu te vas.

He gastado demasiadas noches mirando el techo,
buscando explicaciones irreales en el gotelé
y al final solo he encontrado pequeños puntos contiguos,
y algun que otro mareo.

Podría decir que he aprendido,
pero no me gusta blasfemar tan a la ligera,
así que admito estar en este camino perdido,
cuesta abajo,
en el que hay de todo, menos nubes.

Pretendí empeñar mi corazón al mejor postor
y he de decir que aún lo llevo encima,
en los bolsillos,
a escondidas.

jueves, 24 de abril de 2014

Promesas reprimidas en contra de nuestras voluntades.

Setecientos treinta días buscándote por los pasillos.
Setecientos treinta días partiendome el alma en trocitos de ti.
Setecientos treinta días preguntándome donde quedaron todas aquellas promesas por cumplir.

Setecientos treinta días frenando el impulso de buscarte en plazas vacías de sentimientos.
Setecientos treinta días en manos de  veinticuatro culos de botellas que escriben tu nombre.
Setecientos treinta días quedando contigo en el limbo de Morfeo, por si a caso llegaras a olvidar quien soy.

Por si a caso llegase a olvidar quien soy.

Setecientos treinta días ensayando el proceso de asimilación.
Setecientos treinta días admirando la vida pasar.

Y tú, y esas ganas de que me la coma.

Setecientos treinta días auto-engañando al corazón. 
Setecientos treinta días sin ti.

Setecientos treinta días.
Dos años.

jueves, 17 de abril de 2014

Peta-Zetas de colores burbujean bombardeando la zona inferior de mi estomago.

Corremos,
desesperados,
por los cables invisibles que van desde tu casa
a la mía.

Hace tiempo que gasto
las horas muertas,
y las vivas,
en reinventar maneras sutiles
de devolverte el brillo ocular
y hacer de nosotros
ese orgullo que antaño profesabas
sin miedo a que te callaran.

Me pregunto dónde estará la llave perdida
que abría el baúl de los recuerdos
en el que había de todo
menos fotos.
Son tantas las formas de guardar tu sonrisa,
que a veces me parece tan imposible
olvidarla,
y que puto remedio,
que me he acabado aprendiendo todas las notas musicales
que la componen.

A veces somos tormenta,
la mejor playa
o un mar en calma.
A veces somos aire,
no somos nada,
y los segundos rompen a silencios
las manijas del reloj.

Y somos materia,
somos todo.

sábado, 29 de marzo de 2014

Sonrisa navegable.

Aguarda postura especial
para dejarse posar
sobre las estrellas.
Y entonces éstas se reducen a nada,
al lado de sus ojos.

Tiene otra postura favorita
para dejarse mover por la luna
sin saber que en el fondo
su persona es la que la mece
a su antojo.

Salta,
con inseguridad,
por mis costillas
y cuando llega al quinto de do del pie
se autonombra
master grado tres
en mis cosquillas.

Y las busca,
del mismo modo que se buscan los sueños.

Otras cosas que suele poseer
residen en el alboroto en forma de nudo
sobre su pelo,
haciendo que cualquier océano
sea menos navegable
que su risa.

Después de su rostro
viene todo aquello de que los sueños
pueden hacerse realidad
si acaban derramandose en la palma de su mano.

Y llegamos a ese punto
en el que llamamos paisaje a sus ojos,
cerrados,

a dos centimentros de mis sueños.

viernes, 28 de marzo de 2014

Música.

Vivir de ese suspiro que supone esperarte aún sabiendo que no vas a volver,
hacer de ese silencio la banda sonora de tu vida y romperte los esquemas
intentando buscar el cuadro que mejor te defina.
Y no se porque al final acabas equiparando todo al arte.
Y te preguntas que tendrá esa melodía que se parece tantísimo a tu rostro,
o quizás es que solo una imagen tuya,
ya es música.

sábado, 15 de marzo de 2014

The mess I made.



A veces no todo son versos y existe la prosa y al fin y al cabo estamos desmontando el mundo de la única forma que sabemos y sin darnos cuenta estamos corriendo por ese montón de nubes pegadas a nuestros pies que quieren simbolizar algo así como nuestros sueños rindiéndose ante nuestras ilusiones, y a veces las nubes también se oscurecen. Se pueden llegar a elevar tan alto que puede que llueva sobre nuestras cabezas.

Y después llegamos a ese momento tan odiado en el que nos damos cuenta que desmontar el mundo no sirve absolutamente de nada porque ya hubo alguien anterior a nosotros que hizo lo mismo, peor y triunfó. 
Gastamos los siglos que no tenemos en comernos la cabeza de esa forma tan sobrehumana que hace que 
dejemos tantas neuronas por el camino que a veces me es tan fácil contar las que nos quedan que no debería de sentirme culpable por todas las cosas que no dejo por el camino. 

Y tenemos derecho a quejarnos, aunque constantemente quieran robárnoslo. Porque la vida es eso, algo que no está hecho a nuestra medida y tenemos que hacer todo lo posible por doblegarnos y doblegarla y hacer de ella esos guantes que encajan perfectamente en nuestras mano.

Y de repente cuando nos damos cuenta de que es justo el momento de encajar, seguramente aparecerá una tormenta torrencial que mojara todos nuestros intentos de arreglarnos la vida y afortunadamente recuerdas que tienes unos cuantos rayos de sol en el último cajón del armario. 

¿Y tú, dónde los guardas?

viernes, 14 de marzo de 2014

Paraíso.

Tienes ese parecido,
inconfundible,
al olor de las rosas
en primavera.

Puede que jamás
lo haya mencionado
pero te saben los labios
a paraíso.

Está todo eso que envuelve el océano
y también tu risa,
a medio labio
en mitad de un beso.

Y otras formas de enamorarse.

sábado, 8 de marzo de 2014

Llamemosle "Sobrevivir"

Cuando quedas la bondad colgada en la última percha del armario
y prefieres vestirte de todo lo que se habla.
Solo,
por al fin,
darles la razón.

Cuando decides tomar caminos diferentes
a los que hubieses tomado.
Solo,
por al fin,
darles la razón.

Cuando te cansas de oir la misma historia
asemejada a tu canción favorita.
Sin el favorita.
Y al final das la razón,
reescribes la historia
y curiosamente resultas,
aún,
peor.

Cuando las buenas palabras se quedan en la última balda de la estantería,
esa que ni si quiera usas,
por si a caso tuvieses algo de bondad ahí colocada.

Cuando prefieres no sonrerir,
por compromiso
y cruzas ese momento llamado
sinceridad.

Cuando integras todos los comentarios como una parte más
de tu pestañear.
Y sobre todo,
cuando llega ese momento
en el que al fin,
dais igual.

Cuando cubres tus propias espaldas,
a solas.


Cuando nadie te echa esa mano
de más cuando todo es menos.
Esa mano
que tanto,
después,
suelen reclamar.

Ese momento en el que decides
echarte a ti mismo una mano de más.

Ese momento en el que integras lo que se habla,
de ti.

Ese momento en el que falta algo más y sobran otras muchas cosas.

Ese momento tiene nombre.

Ese momento es,
SOBREVIVIR.

viernes, 7 de febrero de 2014

Un puñado de versos.




Se fue,
y sin quererlo se llevó a su paso todas mis ideas
sobre los polos opuestos,
su atracción
y toda esa mierda.

Devastó a su paso,
como si de un huracán se tratase,
todos los muros
construidos hasta el momento,
y desde entonces
busco desesperadamente
eso,
la calma.
Es decir,
el regreso.

Tiró,
y se quedaron por el suelo,
todos los momentos,
inexistentes,
que aguardaban tranquilamente
en esa esquina de tu habitación
junto a esa silla negra,
que se conoce
y sienta todas las bases,
de enamorarse.

Viernes noche,
sabor
Domingo amargado,
y otras formas de complicarse,
la vida.

Digamos que eso es lo que se llevó,
sin importarle demasiado las consecuencias
y basándose en algo tan poco evidente
como un puñado de nervios
retorcijándose en el lugar más recóndito
de eso que a veces se aturrulla,
explota
y después…
Joder,
que desastre,
joder.

Os hablo de mi mente
y todas esas ideas que provienen de la nada,
del miedo.
El miedo tiene nombre,
nada.
Asusta,
si no claro, no se llamaría miedo.
A saber que nombre inventariamos
para todo aquello que horroriza
y que sin querer,
evadimos.

No quería verme sentada,
por eso de que aplasto todas las ilusiones
en el último rincón del sofá.
Y lo que no sabe
es mi efecto acordeón
previo a toda situación,
imaginaria,
que pueda aplastar al mundo entero.
Y estaba,
estoy
y futuro,
dispuesta a pasarme una vida en pie,
por su sonrisa.

Y acabo agolpando
todas las ideas descabelladas,
en un puñado de versos,
dramáticos.

Y al final solo son eso,
palabras.