Colour my life with the chaos of trouble.

jueves, 13 de agosto de 2015

Desastre natural.

Sigo preguntandome, a menudo,
que tiene la gente como tú
que hace que la vida merezca tanto la pena.

Ese don de convertir cualquier plan,
hasta el más absurdo,
en oro.
La capacidad innata
de hacer que el mundo sea un lugar mejor
y las circustancias, las indicadas
sea el día que sea,
aún diluviando,
si era a tu lado.

Sigo preguntandome, a menudo,
que tiene la gente como tú
que hace de mi una mejor persona
en lugar de este
desastre,

natural.

domingo, 31 de mayo de 2015

Sublime e Inmortal


Odio los domingos                                  
que se me escapan de las manos             
si no te siento,                                   
despacio, entre mis huecos.

Deberíais saber que es verle                  
andar por las cuerdas                            
con ese miedo a caerse                              
que le hace sublime                                   
e inmortal,                                              
ante mis ojos,                                 
rendidos a ese milagro                            
de verle danzar.

Digo que deberíais                            
porque aún no conozco                       
paisaje más bonito que su espalda, desnuda,                                        
volteada ante mis ojos.

Tiene esas caderas desbocadas            
sobre mis principios                              
que se replantean todos los valores          
si se paran,                                 
tranquilos, sus ojos,                            
sobre mis pupilas.

Le he visto hacerle competencia               
a las orillas del Sur                                    
y he llegado a la conclusión                    
de que me quemaría las alas                 
por llevarle al Sol.

Hace veintiún versos                              
que perdí la cordura                                  
y busco la esperanza                               
de encontrarla entre sus labios.

Tiene esa habilidad oculta                          
de versificar mis pensamientos                  
y creo que desconoce su nombre              
en más de seis canciones.

Recuerdo verle saltar escalones                 
con tanta facilidad                                
que cualquier idea                                  
era la mejor del mundo a su lado.

He visto,                                              
como poco a poco,                      
sucumbían sus ojos al sueño                    
y todo aquello que conlleva                
dormir a su lado.

Empezamos a escribir                              
el poema más largo del mundo                  
y decidimos llovernos,                          
para mojarnos de la mejor forma              
que sabíamos.                                          
Y joder si lo conseguimos.

Reconozco que he saltado                      
por todos los verdes                        
intensos y apagados,                            
que componen sus ojos                            
y todavía sigo rendida                                
a ese milagro,

de verle despertar

martes, 10 de marzo de 2015

Lienzos verdes hipotecados en tu espalda


He volado por cielos más altos que sus ojos
y sucumbo a sus espaldas
en cada intento de frenarme los labios
hipotecándome la cordura en sus huecos infinitos.

Ha caminado por senderos más amplios que mis gestos
y sucumbe, despacio,
a mis caderas
en cada intento de frenarse las manos
hipotecándose el alma en mis labios.

Le ha ganado la querella a mis besos
y no puedo dejar de tatarear la sintonía de nuestra vida
porque ha coloreado de verde
todos los grises apagados.

Probablemente no sea consciente de su belleza
pasada las dos de la madrugada
un sábado noche, a la orilla de Morfeo.

He gastado los segundos que no tengo
en rozarle las entrañas con las yemas de los dedos
y tras romper los esquemas
que suave nos componen,
he llegado a la conclusión que no existe más paraíso
que sus ojos, abiertos,
de placer.

He llamado más de mil veces a la suerte
por aquello de agradecerle sus pies en mi camino
y he roto todos los prejuicios
que se apoyaban en mi ventana
con el único objetivo
de crearnos algo indestructible,
versificable.

Me he drogado de su risa
y me he llegado a enamorar del sonido de su voz.
Puede que quizás no haya bajado Rusia a sus pies
pero hemos derramado tantas pinceladas
sobre lienzos blancos

que tenemos la mejor obra de arte.

jueves, 22 de enero de 2015

Secuencias fotocromáticas

Pareces cielo estrellado en mis neuronas
sedientas de secuencias fotocromáticas,
de ti.

Nos hemos dejado la vida en seis señales volatiles
que nos han desbordado las ferormonas
que nos invaden, despacio,
los intestinos. 

Has rodado demasiadas calles
gritando silencios con mi nombre
y al final he entendido eso de llamarse
insaciable, con los ojos.

Nos hemos ganado el placer
de saber hablar sin palabras
y nos hemos encajado las piezas
como puzzles desbocados
por tres caricias
en las entrañas.

Has roto esterotipos
y has venido tatareando melodías
que colorean de verde
la esperanza.

Pareces cielo estrellado en mis neuronas
sedientas de secuencias fotocromáticas,
de ti.

domingo, 18 de enero de 2015

Pinceladas Wassily.

Digamos que he abierto de par en par
las puertas de mis intestinos
y se me han colado vía traquea
todos los nervios que yacian
dormidos
en una cama que a sabiendas
llamamos olvido.

Te has comparado a Katrina
pero con efecto inverso
y has venido pintando sonrisas
sin pararte demasiado en los colores
y has acabado haciendo de mi manos
la mayor escala crómatica del mundo.

Has pensado que mis besos eran piano
y has acabado cual Mozart 
con veinte pentagramas
sobre mi boca.

Te has hecho arte
sublime,
y te has parecido a Rusia
en seis pinceladas Wassily
que se posan, preciosas,
en tu espalda.

Y al final,

te has comido las horas
y has revivido, sin piedad,
a los versos que yacian
dormidos
en una cama que a sabiendas
llamamos olvido.

jueves, 8 de enero de 2015

Jugando a romper equilibrios hidrostáticos

Pongamos que hablo de surcar el cielo infinito
con seis versos bajo el brazo,
rompiendo estrellas a mi paso.

Pongamos que hablo de comerse los caminos
por volar tan rápido
que se te colasen,
de libertad, los intestinos.

Pongamos que hablo de del sabor
de la brisa del mar sobre mis ojos.
De pupilas midriaticas de presente,
tan real como las manecillas que aprovechan,
intensas, los segundos.

Pongamos que hablo de rozar la felicidad con las yemas,
de los labios.

Pongamos que hablo de nada teniéndolo todo,
de subir escalones a velocidades insospechadas.

De jugársela.

De ganar.

Pongamos que hablo de soñar despierto.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Y acabas entiendo que el fuego solo lo apagan los versos.


Arrastras cada aliento por las veinte baldosas que sostienen tu cama
y te dejas caer despacio por todos esos sentidos que te llevan a mil cosas
y solo una es capaz de devolverte la vida, que seguramente has perdido.

Pasas de añorar todo lo que tenias a suplicar que jamás vuelvan las buenas palabras por un miedo atroz a no saber que hacer con ellas,
que el mar me ha bañado ya tantas veces las heridas que la sal es parte fija de ella.

Y al final acaba escociéndome el alma y no las llagas
porque todo lo que mas hiere nunca se encuentra a la vista,
y tú, dejaste de verme el alma y pasaste a tocarme los instintos.

Con tal descaro que no supe reaccionar ante todos aquellos destellos de ausencias
que se preguntaban constantemente porqué te quedas si vas a desaparecer
y tras la tormenta encontramos el peor paradigma de contradicción.

¿Pero sabes qué?

Yo seguía sintigo estando contigo.

Hasta que las nubes se juntaron en cuatro bandazos desesperados
corriendo tras el Sol con el único propósito de desaparecer
y entonces no tuve mas remedio que no querer caminar por ellas,
por las nubes, digo, por tus pestañas hace tiempo que lo hago.

He decidido tantas veces que Troya no iba a arder
que he perdido la cuenta de cuantos barriles de agua he empeñado al olvido
y otras tantas he perdido la cuenta de todos los incendios neuronales
que se han llevado por delante cualquier intento de huida.

Creces, maduras o quizás mueres en el intento
dedicas más de mil palabras a lo que se cuece dentro
y acabas entiendo que el fuego solo lo apagan los versos.