Colour my life with the chaos of trouble.

viernes, 7 de febrero de 2014

Un puñado de versos.




Se fue,
y sin quererlo se llevó a su paso todas mis ideas
sobre los polos opuestos,
su atracción
y toda esa mierda.

Devastó a su paso,
como si de un huracán se tratase,
todos los muros
construidos hasta el momento,
y desde entonces
busco desesperadamente
eso,
la calma.
Es decir,
el regreso.

Tiró,
y se quedaron por el suelo,
todos los momentos,
inexistentes,
que aguardaban tranquilamente
en esa esquina de tu habitación
junto a esa silla negra,
que se conoce
y sienta todas las bases,
de enamorarse.

Viernes noche,
sabor
Domingo amargado,
y otras formas de complicarse,
la vida.

Digamos que eso es lo que se llevó,
sin importarle demasiado las consecuencias
y basándose en algo tan poco evidente
como un puñado de nervios
retorcijándose en el lugar más recóndito
de eso que a veces se aturrulla,
explota
y después…
Joder,
que desastre,
joder.

Os hablo de mi mente
y todas esas ideas que provienen de la nada,
del miedo.
El miedo tiene nombre,
nada.
Asusta,
si no claro, no se llamaría miedo.
A saber que nombre inventariamos
para todo aquello que horroriza
y que sin querer,
evadimos.

No quería verme sentada,
por eso de que aplasto todas las ilusiones
en el último rincón del sofá.
Y lo que no sabe
es mi efecto acordeón
previo a toda situación,
imaginaria,
que pueda aplastar al mundo entero.
Y estaba,
estoy
y futuro,
dispuesta a pasarme una vida en pie,
por su sonrisa.

Y acabo agolpando
todas las ideas descabelladas,
en un puñado de versos,
dramáticos.

Y al final solo son eso,
palabras.

jueves, 6 de febrero de 2014

Escribe, Staedtler 2.0

Se ríe con todo aquello que conlleva que se carge medio universo con su risa.
Baila las baldosas desmontando el mármol a su paso.
Y podemos equiparar todo el material a mis esquemas,
y solo cinco segundos
para romperlos.

Pinta,
café,
sus ojos de verdes.
Y es casi imposible no sucumbir a su iris.
Llueve,
a veces,
en sus pestañas y hace el río más caudaloso en sentimientos
y después,
calma,
ante sus ojos tempestad.

Templa los nervios corriendo,
cangrejo,
de esquina a esquina del salón.
Salta las estrellas con tanta seguridad de no caerse
que a veces hasta vuela,
de cometa en cometa,
haciendo canción de nuestras vidas.

Borra,
Milán,
todo lo que le desagrada.
Escribe,
Staedtler 2.0,
todo aquello que añora.

Y luego yo,
y cuatro versos.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Un mar de tinta.

Mecía el océano con su risa,
y a veces,
se podía oir el eco,
en mis pensamientos.

Me rompió una a una
todas las ideas descabelladas,
que me llevaban a abandonarle.
Y casi que se volvía imposible,
no volver.

Nos perdimos en un mar,
de tinta.
Y llevamos tantos versos escritos
como pasos has dado,
sobre mi cabeza.

Hubo un tiempo en el confundimos
eso de querer con apreciar
y después,
sin querer,
nos enamoramos.
Y lo entendimos todo.

Como si recordase otra vida,
al mirarte a los ojos.
Siento mis pasos en otra tierra
y tus llantos,
aquí,
a mi lado.
Buscando la risa,
desesperadamente.

No somos de este mundo.

Me perdí en el cuarto planeta
cuando escuché tu nombre,
y quizás no exista el quinto
y esta sea,
por desgracia,
nuestra última vida.