Empaqueté tus ojos,
casi verdes,
en una docena de sueños
que nada tenían que ver con esto.
Liberé las ansias de tu espalda
presionándome el corazón
y me dediqué a vivir de suspiros intencionados
por si acaso conseguía enamorarte,
a media luz,
un sábado noche.
Me llevé tu sonrisa a juicio
y acabe ganándole la querella
a tus labios.
Usaste el efecto ancla
en una piscina de aire.
Y aquí sigues,
poetizando el arte.
De mirarte.
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