Colour my life with the chaos of trouble.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Y acabas entiendo que el fuego solo lo apagan los versos.


Arrastras cada aliento por las veinte baldosas que sostienen tu cama
y te dejas caer despacio por todos esos sentidos que te llevan a mil cosas
y solo una es capaz de devolverte la vida, que seguramente has perdido.

Pasas de añorar todo lo que tenias a suplicar que jamás vuelvan las buenas palabras por un miedo atroz a no saber que hacer con ellas,
que el mar me ha bañado ya tantas veces las heridas que la sal es parte fija de ella.

Y al final acaba escociéndome el alma y no las llagas
porque todo lo que mas hiere nunca se encuentra a la vista,
y tú, dejaste de verme el alma y pasaste a tocarme los instintos.

Con tal descaro que no supe reaccionar ante todos aquellos destellos de ausencias
que se preguntaban constantemente porqué te quedas si vas a desaparecer
y tras la tormenta encontramos el peor paradigma de contradicción.

¿Pero sabes qué?

Yo seguía sintigo estando contigo.

Hasta que las nubes se juntaron en cuatro bandazos desesperados
corriendo tras el Sol con el único propósito de desaparecer
y entonces no tuve mas remedio que no querer caminar por ellas,
por las nubes, digo, por tus pestañas hace tiempo que lo hago.

He decidido tantas veces que Troya no iba a arder
que he perdido la cuenta de cuantos barriles de agua he empeñado al olvido
y otras tantas he perdido la cuenta de todos los incendios neuronales
que se han llevado por delante cualquier intento de huida.

Creces, maduras o quizás mueres en el intento
dedicas más de mil palabras a lo que se cuece dentro
y acabas entiendo que el fuego solo lo apagan los versos.