Recuerdos suaves resbalan despacio por la córnea de mi
mente,
se deslizan por el pasado haciendo presente de tu espalda volteada a mis ojos.
Construimos treinta lepidópteras y no dejamos una de recuerdo
en la esquina doce de tu habitación.
se deslizan por el pasado haciendo presente de tu espalda volteada a mis ojos.
Construimos treinta lepidópteras y no dejamos una de recuerdo
en la esquina doce de tu habitación.
Se saltaba los principios y jamás un semáforo.
Sin saber por qué acabó un miércoles, a la siete,
en bañera vacía
aferrándose a los labios ideas desesperadas,
de amor.
Sin saber por qué acabó un miércoles, a la siete,
en bañera vacía
aferrándose a los labios ideas desesperadas,
de amor.
No tenía ni idea de protocolos y pisaba las horas a su
manera,
gustaba de media risa inesperada al filo de lo imposible.
Tenía tantas cosas que decir que siempre optaba por el silencio
y probablemente no tuviese ni idea de que solo una sonrisa
me bastaba para seguirle.
gustaba de media risa inesperada al filo de lo imposible.
Tenía tantas cosas que decir que siempre optaba por el silencio
y probablemente no tuviese ni idea de que solo una sonrisa
me bastaba para seguirle.
Y bueno,
tenía esa manía de retorcer mis infiernos con su boca,
de mojarme las ideas, locas, por sus ojos.
Tenía,
tiene, esa mirada fija de iris cerrados en mitad de un sueño.
tenía esa manía de retorcer mis infiernos con su boca,
de mojarme las ideas, locas, por sus ojos.
Tenía,
tiene, esa mirada fija de iris cerrados en mitad de un sueño.
¿Sabéis?
Una vez se revolcó en mis cosquillas y me sacó trece tipos
de rojos
coloreados, sin pudor, sobre mis mejillas.
He de admitir que desde entonces no concibo otra acepción de paraíso
si no se trata de sus manos en mis caderas.
coloreados, sin pudor, sobre mis mejillas.
He de admitir que desde entonces no concibo otra acepción de paraíso
si no se trata de sus manos en mis caderas.
Tú,
y todo eso de haberte visto dormir.
y todo eso de haberte visto dormir.