Colour my life with the chaos of trouble.

sábado, 31 de mayo de 2014

Subrayadores amarillos con función expresiva sobre las líneas intactas del olvido.

Se me caen las estrellas,
sin control,
sobre un puñado de folios
que hablan de todo,
menos de ti.

He subrayado de amarillo,
buenasuerte,
todas las palabras importantes
para todos,
menos para mi.

He aprendido tantas conjunciones
que he derramado comas
sobre un puñado de versos
que hablan de nadie,
menos de amor.

El cielo se me ha quedado corto,
de sueños,
vacío
y sin estrellas.
La noche ha caído
y con ella demasiados suspiros.

He leído seis renglones
sin amor,
búscandole el sentido a la vida
y he perdido toda esperanza
de encontrarlo.

Se han encendido
todas las llamas en tus ojos
proponiendose derretir a fuego lento
mis encuentros.

Y en otro mundo,
llueve,
lejos de aquí.

domingo, 11 de mayo de 2014

Bombas explosivas de ti.

No acostumbro a morirme por la espalda de nadie
y desde hace tiempo corro detras de razones imperdonables
que me desquitan las no-razones para abandonar
mi último lado de la cama.

Sigo manteniendo guerra fría contra los cojines que simulan,
como otras tantas cosas,
hacerme de almohada en nuestras noches interminables.
De la misma forma que mantengo otras tantas cosas
por miedo al olvido,
una noche estrellada con techo
sobre mis ideas.

Y esa forma de autoprotegerme del universo,
que,
joder,
es demasiado grande.

Opté por hacerme parcialmente semi-existente
para que recuerdes que por tus caderas
solían saltar melodicamente un puñado de versos
acompañados de lepidópteros
en la región inferior de tu caotico antro pilórico,
que mucho tienen que ver conmigo.

Bombeo mi corazón de todas las (500) frases
que solían acompañarme
tras treinta y una parada a golpe seco en tu corazón.

Y en mitad de la historia
no puedo evitar ahogarme en Cava
mientras me saturo la Subclavia.

Y por ahora,
 solo bombeo amor. 

sábado, 3 de mayo de 2014

Un puñado de puntos contiguos y algún que otro mareo.

He caminado por nubes más grandes que el índico,
y al final todas me han llevado al mismo puto camino.
Cuesta abajo y sin frenos.
Sin corazón.

Todavía sigo gastando los tic-tac de aquel reloj
que osaste regalarme
solo para preguntarme de que coño va la vida sin ti.

He bailado tantas veces la misma canción
que ya sé de sobra que el penúltimo verso
es el que me deja sola y sin piernas que simulen caminar,
tras de mi.

He navegado por tantos mares de soledad
que creer merecer compañía es tan utópico para mis neuronas
que casi naufragan en el intento de arreglarme las cicatrices.

Y sigo interrogándome en aquel:
"¿Por qué todos se van?"
Y buscando culpa como cobijo,
hasta que no hay más cojones que asimilar que la vida es eso.

Yo me quedo,
y tu te vas.

He gastado demasiadas noches mirando el techo,
buscando explicaciones irreales en el gotelé
y al final solo he encontrado pequeños puntos contiguos,
y algun que otro mareo.

Podría decir que he aprendido,
pero no me gusta blasfemar tan a la ligera,
así que admito estar en este camino perdido,
cuesta abajo,
en el que hay de todo, menos nubes.

Pretendí empeñar mi corazón al mejor postor
y he de decir que aún lo llevo encima,
en los bolsillos,
a escondidas.