Digamos que he abierto de par en par
las puertas de mis intestinos
y se me han colado vía traquea
todos los nervios que yacian
dormidos
en una cama que a sabiendas
llamamos olvido.
Te has comparado a Katrina
pero con efecto inverso
y has venido pintando sonrisas
sin pararte demasiado en los colores
y has acabado haciendo de mi manos
la mayor escala crómatica del mundo.
Has pensado que mis besos eran piano
y has acabado cual Mozart
con veinte pentagramas
sobre mi boca.
Te has hecho arte
sublime,
y te has parecido a Rusia
en seis pinceladas Wassily
que se posan, preciosas,
en tu espalda.
Y al final,
te has comido las horas
y has revivido, sin piedad,
a los versos que yacian
dormidos
en una cama que a sabiendas
llamamos olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario