Pongamos que hablo de surcar el cielo infinito
con seis versos bajo el brazo,
rompiendo estrellas a mi paso.
Pongamos que hablo de comerse los caminos
por volar tan rápido
que se te colasen,
de libertad, los intestinos.
Pongamos que hablo de del sabor
de la brisa del mar sobre mis ojos.
De pupilas midriaticas de presente,
tan real como las manecillas que aprovechan,
intensas, los segundos.
Pongamos que hablo de rozar la felicidad con las yemas,
de los labios.
Pongamos que hablo de nada teniéndolo todo,
de subir escalones a velocidades insospechadas.
De jugársela.
De ganar.
Pongamos que hablo de soñar despierto.
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