Se ríe con todo aquello que conlleva que se carge medio universo con su risa.
Baila las baldosas desmontando el mármol a su paso.
Y podemos equiparar todo el material a mis esquemas,
y solo cinco segundos
para romperlos.
Pinta,
café,
sus ojos de verdes.
Y es casi imposible no sucumbir a su iris.
Llueve,
a veces,
en sus pestañas y hace el río más caudaloso en sentimientos
y después,
calma,
ante sus ojos tempestad.
Templa los nervios corriendo,
cangrejo,
de esquina a esquina del salón.
Salta las estrellas con tanta seguridad de no caerse
que a veces hasta vuela,
de cometa en cometa,
haciendo canción de nuestras vidas.
Borra,
Milán,
todo lo que le desagrada.
Escribe,
Staedtler 2.0,
todo aquello que añora.
Y luego yo,
y cuatro versos.
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